La autenticidad en las fotografias

Uno puede contar historias, pero nunca falta un aguafiestas que me desmienta diciendo que lo soñé. Con los años tuve la misma pregunta: ¿qué prueba pude tener de lo que vi? ¿Acaso una fotografía? Pues el célebre estudioso de lo paranormal Roberto Tocquet, catedrático de la Escuela de Antropología de París, decía que los fantasmas sí podían ser fotografiados.

 Hay que decir que Tocquet, quien no era ningún crédulo, afirmaba que la efluviografía o fotografía supranormal era simplemente un fraude. “El retrato de un fantasma que reproduzca las facciones de una persona determinada es más difícil de obtener que la imagen de un fantasma anónimo.

Cierto “velado”, realizado por un enfoque voluntariamente imperfecto, permite sugerir semejanzas que bastan para contentar al cliente”, advierte en su libro ‘El inventario de losobrenatural’ (1971). 

Tras una serie de observaciones a supuestos médiums que decían fotografiar espíritus a voluntad, el investigador detectó una serie de trucos, cada cual más ingenioso. “En las mismas (cortinas) es fácil pintar siluetas con soluciones de sulfato de quinina, de eosina, de fluoresceína o con cocimientos de cáscaras de castaña de Indias, de corteza de fresno, etcétera. Invisibles a simple vista, las siluetas aparecerán en la placa si se toma el cliché a partir de la luz producida por un cartucho de magnesio”.

Otra prueba, de un tercer autor que él cita, desbarata la tesis de los “efluvios magnéticos” que supuestamente emanaban del cuerpo humano y de las entidades fantasmales. “Se hace actuar la mano del cadáver, al mismo tiempo que una mano viva, sobre gran número de placas fotográficas, tanto por el lado del cristal como por el de la gelatina, en la oscuridad completa, con luz roja, etc. La mano viva da los célebres efluvios que ustedes conocen; la mano muerta no los da. Entonces se calienta la mano muerta hasta una temperatura de 35 grados centígrados, que se mantiene constante por medio de un depósito de acetato de sodio. Y en estas condiciones –nos enseña Paul Yvon–, las impresiones obtenidas con la mano muerta recalentada fueron por lo menos tan claras como las debidas a la mano viva”.

 Y sin embargo, Tocquet afirma que ciertos experimentos no tienen explicación razonable. En especial se refiere a las materializaciones realizadas en 1920- 1921 por el célebre médium polaco Franek Kluski en las sesiones del Instituto Metapsíquico Internacional de Francia. Kluski podía hacer aparecer sorprendentes imágenes de luz. Según el relato de uno de los estudiosos presentes, “cuando terminaba la materialización, podía verse manos o rostros perfectamente formados.

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